El INSST lo plantea con claridad, la digitalización ha cambiado las condiciones de trabajo y puede intensificar factores de riesgo ergonómicos y psicosociales. La conectividad permanente no solo altera horarios, también afecta al descanso, a la conciliación y a la salud de las personas trabajadoras.
Hablar de desconexión digital en prevención de riesgos laborales no significa ir contra la tecnología, significa usarla mejor. Significa que una organización saludable no mide el compromiso por la disponibilidad constante, sino por la calidad del trabajo, la claridad de las responsabilidades y el respeto real a los tiempos de recuperación.
Un mensaje fuera de horario puede parecer puntual, una llamada rápida, también y, un correo enviado “solo para que estés pendiente mañana” puede parecer inofensivo. El problema aparece cuando esas pequeñas excepciones se convierten en cultura.
La desconexión digital no se rompe solo por una herramienta, se rompe por hábitos, expectativas y formas de liderazgo.
La sobreexposición tecnológica puede afectar a la salud mental, cardiovascular y musculoesquelética. También puede deteriorar la concentración, aumentar la fatiga, empeorar la toma de decisiones y reducir la calidad del trabajo.
Por eso, la desconexión digital tiene una lectura preventiva muy clara: protege la recuperación, reduce la carga mental y ayuda a evitar que el trabajo invada de manera permanente la vida personal.
La empresa y la plantilla deben tener claro que el descanso no es un premio, es una condición necesaria para trabajar de forma segura y saludable. Los mensajes que llegan cada vez más desde las organizaciones empresariales sobre que las vacaciones o el tiempo de descanso son un privilegio no están lanzadas de cualquier manera, se intenta hacer calar en la población trabajadora que tenemos descansos, vacaciones, o derecho a enfermar porque los empresarios así nos lo permiten, cuando son derechos peleados durante generaciones en las calles y en las empresas, y que, si se siguen ignorando, acabaremos perdiendo y volviendo a lo que a las empresas les gustaría, jornadas de 14 o 16 horas y, como mucho, un día de descanso para que no nos muramos demasiado pronto y así poder explotarnos más tiempo.
Las empresas están obligadas a contar con un Protocolo de Desconexión Digital, que puede estar muy bien redactado y, aun así, no funcionar. Un ejemplo de lo más cercano es el caso de Atos, donde la política de desconexión digital la ha redactado la empresa, sin tener en cuenta ninguna propuesta de la RLPT y está llena de ambigüedades como “no se debería”, o “estaría bien”, en lugar de afirmar lo que no se puede hacer, en lo cual nos ha dado la razón la inspección de trabajo.
De cualquier manera, en muchas ocasiones la diferencia la marcan los mandos, que son quienes deciden las prioridades, distribuyen cargas, gestionan urgencias y dan ejemplo con su propia forma de comunicarse. Si un equipo recibe mensajes de madrugada, correos en vacaciones o instrucciones ambiguas fuera de horario, la cultura real queda por encima de cualquier documento.
Por eso, formar y acompañar a los mandos es clave. No para limitar su capacidad de gestión, sino para ayudarles a liderar con más claridad: planificar mejor, anticipar necesidades, ordenar canales, definir urgencias y proteger los tiempos de descanso del equipo.
Una idea muy extendida es que más tiempo de conexión equivale a más rendimiento, pero no siempre es así. La disponibilidad constante puede generar una falsa sensación de eficacia: se responde rápido, se acumulan mensajes, se multiplican tareas. Sin embargo, muchas veces el resultado es más interrupción, más cansancio y menos foco.
La desconexión digital debe basarse en medidas concretas. No basta con una declaración general.
Una organización debería revisar:
- Si la política interna es clara y conocida.
- Si se ha consultado y escuchado a la RLPT. Claramente no, en el caso de Atos, donde se confunde “consultar” con “imponer”.
- Qué canales se usan para cada tipo de comunicación.
- Qué se considera urgente y quién puede activarlo.
- Cómo se gestionan correos, llamadas y mensajes fuera de jornada.
- Qué papel tienen los mandos en el cumplimiento real.
- Si la plantilla recibe formación y sensibilización.
- Si la desconexión se integra en la evaluación de riesgos psicosociales.
La desconexión digital habla de cómo una empresa entiende el cuidado de las personas. No es solo una obligación, es una forma de construir confianza, reducir desgaste y mejorar la relación entre trabajo, salud y vida personal, algo que Atos ha ido destruyendo con los años.
Las organizaciones que respetan el descanso envían un mensaje claro: el bienestar no es un complemento, forma parte de la manera de trabajar.
En prevención, no solo importan las máquinas, los EPIs o las instalaciones. También importa cómo se organiza el tiempo, cómo se comunica y qué disponibilidad se espera de las personas, algo que claramente Atos no tiene ninguna intención de hacer, puesto que deja todo en manos de los mandos y de lo que consideren los mismos, lo que se traduce en que la desconexión digital en muchos proyectos es cero.
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