Cada vez es más normal que los clientes exijan, en sus pliegos de condiciones, que en la empresa adjudicataria haya personas certificadas en las herramientas con las que se va a realizar el proyecto en dicho cliente.
Esto viene dado por, una vez más, un exceso de titulitis, que si anteriormente se basaba en que sólo se podía contratar a personas que tenían estudios universitarios, en muchos casos incluso aunque no tuvieran nada que ver con la informática, ahora la moda, para beneficio sobre todo de las empresas propietarias del software, es que hay que estar certificado en la herramienta correspondiente para trabajar con ella.
No nos parece nada mal la formación, y desde luego que no vamos a protestar porque se ofrezca la posibilidad de obtener certificaciones a la plantilla.
Nuestra queja viene por las formas de hacerlo. Se está forzando a muchas personas a aceptar en sus objetivos el obtener una serie de certificaciones, en alguna ocasión han llegado hasta a poner seis certificaciones en un año para cumplir con los objetivos, además, obviamente, de realizar su trabajo en el cliente.
Esto, al final, conlleva falta de tiempo para obtener tantas certificaciones, no hay forma de compaginar ese número de estudios con las exigencias de los proyectos. Se presiona a las personas, se les pregunta continuamente por su avance y, se les pide que obtengan las titulaciones en un tiempo muy escaso.
Esa no es manera de formar a la gente, para la dirección sólo importa que se acumulen certificaciones, y que la empresa pueda sacar más tajada al vender nuestro trabajo por mucho más dinero.
Y, además, cuando se le plantea a los responsables si estas titulaciones van a redundar en beneficio de la persona que los ha obtenido con su esfuerzo, ¡sorpresa!, la respuesta es que ya te pagan la certificación, que deberías estar agradecido y que no entienden como pides cobrar más cuando has enriquecido tu currículo. Lo que no te cuentan es que la empresa va a cobrar más dinero por ti.
El resultado, personas agobiadas por no poder cumplir con la formación y con su trabajo, personas aún más quemadas por el día a día, y un gasto de la empresa que sólo va a servir para que estas personas se vayan con sus certificaciones a otra empresa donde se pague adecuadamente su valía y sus conocimientos.
¿En qué momento se va a dar cuenta la dirección de Atos de que la plantilla no está en la empresa porque les encante o estén abducidos como si fuera una secta? Si una persona aumenta su conocimiento, hay que pagarle más, y si no, al final se acaban yendo a otro lado donde, si no se les aprecia más, al menos se les paga como es debido. Es la fuga de talentos de la que tanto se ha quejado la dirección, y que está provocada por su propia política de “racaneo”.
tal cual… yo este año he obtenido alguna certificación de mi herramienta… verás que risas cuando en la ‘evaluación’ le pida aumento de sueldo al mi jefe…