El trabajo a turnos, que ya está por encima de 15% en el sector de las TICs, sector en el cual, la mayoría de los contratos que se firman, ya se hacen con jornadas de 24×7 7 días a la semana, por si la empresa lo necesita. este tipo de jornadas se está convirtiendo en uno de los factores más determinantes en la salud, especialmente por su impacto en el sueño y los ritmos biológicos.
Su crecimiento está generando un escenario complejo donde la organización del tiempo de trabajo choca directamente con la biología humana, afectando a la seguridad laboral, el bienestar y la productividad. El trabajo a turnos altera los ritmos biológicos porque rompe el ciclo natural sueño-vigilia regulado por el reloj interno del organismo.
Este fenómeno, conocido como cronodisrupción, se produce cuando la persona trabaja o permanece activa en momentos en los que su cuerpo está programado para descansar. La consecuencia es una desincronización persistente que afecta al descanso, a la recuperación y al funcionamiento global del organismo.
Menos del 3% de las personas que trabajan en horario nocturno consiguen adaptar completamente sus ritmos circadianos. Esto explica por qué los problemas asociados no son puntuales, sino estructurales y sostenidos en el tiempo.
El trabajo a turnos no solo genera fatiga. Tiene un impacto directo en la salud física y mental de las personas trabajadoras.
El primer síntoma son las alteraciones del sueño: insomnio, somnolencia diurna y fatiga crónica. Pero el problema va más allá. Se ha observado un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas como la diabetes u obesidad, trastornos digestivos, deterioro cognitivo y problemas de salud mental como ansiedad, depresión o burnout. Además, el consumo de hipnóticos, estimulantes o benzodiacepinas aumenta significativamente entre las personas que trabajan a turnos, lo que introduce un nuevo factor de riesgo asociado a la dependencia y al deterioro de la salud.
Estas alteraciones del sueño provocan que el trabajo a turnos incremente el riesgo de accidentes laborales y errores en tareas críticas ya que la fatiga acumulada, la falta de descanso y la desincronización biológica reducen la capacidad de atención, el tiempo de reacción y la toma de decisiones. Existe una franja horaria especialmente sensible, entre las 3:00 y las 6:00 de la madrugada, donde el organismo alcanza su punto más bajo de activación. Trabajar en ese intervalo incrementa significativamente el riesgo.
La turnicidad no solo afecta a la salud. También impacta directamente en la vida personal y social, generando dificultades para conciliar, alteraciones en la vida familiar, aislamiento social o limitaciones en el desarrollo profesional. Este desgaste, muchas veces invisible, acaba afectando también a la motivación y al compromiso de las personas trabajadoras.
Aún así, el impacto del trabajo a turnos se puede reducir, si bien no anular completamente, si se gestiona correctamente desde la prevención.
A nivel organizativo, el diseño de los turnos es clave. Rotaciones anterógradas (mañana-tarde-noche), limitar los turnos nocturnos consecutivos, garantizar descansos suficientes y reducir la carga de trabajo en horarios críticos son medidas que han demostrado su eficacia. También es fundamental incorporar medidas de bienestar: espacios de descanso, acceso a recursos de salud mental, alimentación adecuada y cierta flexibilidad que permita mejorar la conciliación, lo que en Atos se soluciona con algún webinar para que nos digan que tenemos que dormir bien, ya que normalmente se racanean tanto las plantillas asignadas a los proyectos que es imposible tener unos turnos que cumplan con todo lo indicado.
La vigilancia de la salud es clave para detectar precozmente los efectos del trabajo a turnos. Los reconocimientos médicos periódicos permiten identificar problemas de adaptación, patologías asociadas o situaciones de especial sensibilidad. Además, facilitan la implementación de medidas preventivas adaptadas a cada persona. Por desgracia en nuestro este reconocimiento sólo es obligatorio hacerlo cada dos años, cuando en personas que trabajen a turnos deberían tener una evaluación de su salud como mínimo una vez al año.
El trabajo a turnos no es una excepción. Es una realidad estructural que seguirá creciendo y que exige una gestión preventiva específica y hay que tener un especial cuidado con las personas que trabajan con turnos, especialmente nocturnos, porque el trabajo a turnos no se gestiona solo con cuadrantes, se gestiona entendiendo cómo afecta a las personas.
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